Si crees que nunca has padecido ansiedad, quizás deberías ir al psicólogo

peligro

Los transtornos emocionales, todos aquellos que tienen que ver con la ansiedad, el estrés excesivo o las fobias son de lo más común. Según la OMS, el 14% de la población europea sufrirá una depresión a lo largo de su vida, y un 16% sufrirá algún transtorno relacionado con la ansiedad.

En uno de los últimos informes, además, se aclara que existe una gran brecha terapéutica de transtornos metales. Por ejemplo, en lo que se refiere a transtornos emocionales, existe un 57,5% de casos no diagnosticados ni tratados de ansiedad generalizada y un 57,3% de casos de TOC, por poner solo algunos ejemplos.

Estos son solo algunos datos, seguramente subestimados de la prevalencia de los trastornos emocionales en la población. Sin embargo, el objetivo de este post no es arrojar datos estadísticos sobre la ansiedad, sino desdramatizar, e incluso positivizar la existencia de cuadros de ansiedad.

Dejenme explicarlo:

Síntomas de la ansiedad

Los síntomas de la ansiedad son muy variados pero normalmente afectan a nuestra respuesta física, y a nuestra respuesta conductual.

  • Síntomas físicos: Taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, falta de aire, temblores, sudoración, molestias digestivas, náuseas, vómitos, “nudo” en el estómago, alteraciones de la alimentación, tensión y rigidez muscular, cansancio, hormigueo, sensación de mareo e inestabilidad. Si la activación neurofisiológica es muy alta pueden aparecer alteraciones del sueño, la alimentación y la respuesta sexual. Son síntomas característicos de la activación del sistema nervioso simpático
  • Conductuales. Estado de alerta e hipervigilancia, bloqueos, torpeza o dificultad para actuar, impulsividad, inquietud motora, dificultad para estarse quieto y en reposo.
  • Síntomas cognitivos: Pensamientos de temor hacia una situación y sensación de miedo a estar volviéndose loco, a no ser capaz de hacer frente a la situación y a las consecuencias hipotéticas y exageradas de la situación. Algunos correlatos de esta sintomatología son la dificultad de atención, concentración y memoria, aumento de los despistes y descuidos, preocupación excesiva, pensamientos distorsionados e inoportunos, incremento de la incertidumbre, de la dudas  y confusión, inseguridad en uno mismo, tendencia a recordar y a imaginar sobre todo las cosas desagradables, sobrevalorar pequeños detalles desfavorables, interpretaciones inadecuadas, susceptibilidad, etc.

No todas las personas tienen los mismos síntomas, ni los síntomas se presentan con la misma intensidad.

Origen de la ansiedad

La ansiedad es una respuesta adaptativa de nuestro cerebro. Es decir, hace reaccionar mediante la activación del sistema nervioso simpático a nuestro cuerpo dando lugar a las respuestas que hemos denominado síntomas. Es una respuesta adaptativa, porque es una respuesta automática que se da ante una situación amenazante o peligrosa. Por tanto, la ansiedad es un aviso sobre la existencia de una posible amenaza.

Reconocer la existencia de la ansiedad nos lleva a reconocer cuál es la fuente potencialmente amenazante y actuar sobre ella. En muchas ocasiones, basta con ordenar las ideas, evaluar la situación y reorganizar nuestra actitud y nuestra actividad.

En otras ocasiones, las amenazas potenciales son mucho más profundas y requieren analizar y poner a prueba pensamientos y creencias profundamente arraigados en nuestra mente, y comportamientos o hábitos que hemos automatizado y que no nos sirven en absoluto.

La ansiedad no es un problema. Lo que hacemos con ella puede serlo.

La ansiedad NO es un problema, como mínimo cuando la identificamos y nos ponemos a trabajar sobre ella. La ansiedad es un aviso de una amenaza. Si la amenaza es real o es inventada, si es exagerada o no, es en este caso lo de menos. Lo importante es que cuando mostramos síntomas de ansiedad lo califiquemos no como una enfermedad o un signo de debilidad, sino como un aviso de que algo nos amenaza y hemos de buscar la manera de sobreponernos y superar ese peligro.

Quienes nunca reconocen tener ansiedad, quizás es que no reconocen el aviso, y por tanto deberían ir al psicólogo.

No hace mucho tiempo, alguien me preguntaba si las personas más inteligentes son más propensas a tener trastornos mentales. La respuesta es absolutamente No. Lo que sí que es cierto, es que las personas con elevada capacidad de introspección se dan más cuenta de que hay algo en sus vidas que pueden y quieren cambiar.

Las consultas privadas están llenas de personas con mucho talento. Saber que padeces síntomas de ansiedad no es ninguna debilidad, sino al contrario, una prueba de que reconoces que algo no marcha bien, que existe una amenaza y de que la quieres solucionar.

Quienes no reconocen el aviso que supone la ansiedad quizás es por miedo a estar etiquetado o quizás es que no tienen la suficiente capacidad de introspección, y por tanto, al no darse cuenta de los pensamientos y respuestas físicas que les limitan, están condenados a vagar como zombies por el mundo.

 

 

 

Acerca de Baltasar Santos

Licenciado en Psicología, post grado en mediación, y máster en psicología forense. Curioso y en constante aprendizaje. Me encanta impartir clases, las TIC, pero sobretodo soy un apasionado de las personas. y disfruto aplicando psicología y formación para el desarrollo de personas y organizaciones.
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