Besar: ciencia o arte (2/3)

beso2Lo prometido es deuda, así que este segundo post sobre la ciencia del beso está dedicada a la parte más psicológica, aunque estrechamente ligado a la neuroquímica.

El deseo de besar hasta tiene un nombre científico: filemamanía. Como decíamos en el anterior post, siempre queremos más, porque el beso es una droga natural, debido a la influencia de la oxitocina.

Psicológicamente, los besos son una buena medicina contra la depresión (tal vez la mejor). La boca es el órgano erógeno más cercano al cerebro, y para que nos hagamos una idea, el beso involucra un área cerebral más extensa que la que se relaciona con los genitales.

En relación a la fisiología del beso, cuando cerramos los ojos y fundimos nuestros labios con nuestra pareja en un abrazo apasionado, las pulsaciones cardíacas se incrementan hasta 130 por minuto, se libera adrenalina, baja la tasa de colesterol y al intercambiarse bacterias, se refuerza el sistema inmunitario… Sí, besar significa cuidarse en salud. Cuando una madre besa a su bebé absorbe algunos gérmenes del pequeño pero al mismo tiempo estimula la producción de sus defensas.

Históricamente el beso ha tenido también un valor psicológico: el del compromiso, y no sólo desde un punto de vista de fidelidad de pareja. Yannick Carré, explica que en la Edad Media, el beso tenía el valor de un contrato. De hecho, para sellar el juramento de fidelidad mutua entre el señor y su vasallo, ambos se daban un beso en la boca.
En la actualidad, el beso tiene sobre todo un poder terapéutico y psicológico.

Hoy día, el beso es una demostración de cariño, de amor, de respeto, de amistad. Con un beso se comunican muchísimas cosas. A través del beso, las parejas desarrollan una mayor propensión a crear lazos estables, que permitirían la procreación y cuidado de los descendientes.

¿Son todos los besos iguales?

La respuesta es no. Además de las diferencias entre los besos de diferentes personas, algo que entraría en el terreno del beso como “arte”, tanto para la mujer como para el hombre el primer beso es clave para continuar la relación. Los primeros besos son los que más información química proporcionan de la compatibilidad o incompatibilidad de la pareja.

Según el profesor Alain Montadon, autor del libro “El beso: ¿qué se esconde tras este gesto cotidiano? (ed. Siruela)”, el deseo de besar no se produce si no se alcanza un acuerdo con el olfato. El olor de la piel es o bien muy atrayente o muy repulsivo.

Las atribuciones que hombres y mujeres damos al beso son diferentes. Para el hombre, el beso es la primera fase del apareamiento. Para la mujer, el beso sirve para valorar el grado de compromiso del hombre en la relación que pueda surgir. Las mujeres valoran el aliento, el sabor y hasta la salud de los dientes, pero tal y como decía antes, el papel fundamental es el del olfato, aún más incrementado durante la ovulación. Como consecuencia, las mujeres están menos dispuestas a tener relaciones sexuales con alguien cuyo beso no encaje con sus preferencias sensoriales y emocionales. Es decir, que si un hombre no sabe besar, dificilmente acompañará a esa mujer a la cama.

¿Está el beso en crisis?

Eduardo Brik, psicólogo y expresidente de la Asociación Madrileña de Terapia de Pareja, afirmaba que: “Se habla a diario de orgasmos y posturas sexuales, pero hemos olvidado el arte de besar. Se ha perdido romanticismo”. Miren Mirrazabal, directora del Instituto Kaplan y presidenta del comité científico del X Congreso Español de Sexología, reconoce que “antes las caricias y los besos se prolongaban más, así como los juegos eróticos. Ahora (…) los adolescentes adelantan el coito y se ha reducido el tiempo de la seducción, todo se hace más de prisa”. No es sólo un problema que afecte a los más jóvenes. Las parejas de adultos, casados desde hace años e inmersos en la rutina, tampoco prestan demasiada atención al beso. “Todos nuestros pacientes dicen que respetan el beso y las caricias, que tienen importancia, pero la realidad es distinta. Si el coito dura en promedio entre 15 y 30 minutos, no nos queda mucho tiempo para el resto. Con el tiempo, junto al cortejo, el beso va desapareciendo”, según Mirrazabal.

En conclusión amigos y amigas, es necesario recuperar el valor del beso, los abrazos y las caricias prolongadas, eróticas y seductoras, aquéllo que denominamos “prolegómenos” en una relación sexual. Junto al placer que nos reportan estos gestos, nuestro cerebro recibe inputs fundamentales que nos aportan información no consciente sobre nuestra pareja y nuestra relación. Si todo ello, además, nos proporciona un beneficio para nuestra salud física y psicológica, no hay razón para que no nos besemos.

Un beso a todos y a todas, y ¡bésense mucho!.

Acerca de Baltasar Santos

Licenciado en Psicología, post grado en mediación, y máster en psicología forense. Curioso y en constante aprendizaje. Me encanta impartir clases, las TIC, pero sobretodo soy un apasionado de las personas. y disfruto aplicando psicología y formación para el desarrollo de personas y organizaciones.
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