Dime que piensas que van a hacer los demás y sabré lo que vas a hacer tú.

Conocemos mejor a los demás de lo que nos conocemos a nosotros mismos. Predecimos mejor el comportamiento de los demás ante determinadas situaciones, que el propio comportamiento en esas mismas situaciones.  ¿Por qué ocurre?

Las personas piensan que los demás toman sus decisiones influídas por circunstancias externas y por las situaciones por las que atraviesan en la vida. Sin embargo, en lo referente a nosotros mismos, no creemos tomar decisiones en función de las circunstancias e influencias externas, sino que creemos que nuestras decisiones son fruto de nuestras intenciones y valores.

Los psicólogos somos conocedores de la gran cantidad de creencias falsas acerca de nuestra propia competencia, nuestro propio carácter, nuestro lugar en el mundo social y nuestras expectativas sobre el futuro. En ocasiones sobreestimamos nuestra fuerza, sobre todo cuando se trata de comportamientos socialmente deseables. En otras ocasiones infraestimamos nuestra mente, cuando se trata de valorar nuestras propias capacidades, timidez, etc…

Muchos filósofos, de tradiciones occidentales y orientales, han exhortado a la gente a “Conocerse a si mismos”. Sin embargo, la realidad es que muy pocas personas consiguen entender completamente este mensaje e implementarlo en sus vidas, de una forma lo suficientemente seria, como para tener éxito.

Ese es el problema: Aunque la mayoría de personas no consigue conocerse a si mismos, cuando se trata de hacer predicciones sobre el futuro de los demás, parecemos estar dotados de un don especial para comprender la naturaleza humana y las acciones de las personas. ¿consejos doy que para mi no tengo?.

Imaginen una encuesta con dos preguntas como las siguientes:

¿Con qué probabilidad cree que su vecino donará alimentos?
¿Con qué probabilidad Vd donará alimentos?

La tendencia es que la inmensa mayoría creemos más probable que seamos nosotros mismos quien donemos alimentos, que lo haga un vecino.

Este mismo fenómeno se repite cuando pedimos una predicción sobre comportamientos que tienen un componente ético (ser íntegros, no defraudar…), cívico (votar en las elecciones, recoger las cacas de los perros…), o altruista (ayudar a alguna entidad…). A este fenómeno se le conoce con el nombre de “más santo que tú”. Los resultados muestran que los encuestados afirman que son mucho más propensos a actuar de una manera socialmente deseable que sus vecinos (Balcetis y Dunning, 2008, 2013; Epley y Dunning, 2000, 2006).

La psicología ha puesto a prueba este fenómeno, realizando estas encuestas y sometiendo después a los encuestados a situaciones reales. De esta forma podemos evaluar si la predicción sobre el comportamiento de uno mismo y sobre los demás, se corresponden con lo previsto.

Los resultados de los estudios muestran que las predicciones sobre lo que harán los demás son mucho más acertadas que las predicciones sobre lo que nosotros mismos vamos a hacer.

Por ejemplo, en un estudio, el 90% de los estudiantes de psicología de una universidad, decían que votarían en las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos. La Tasa real de voto entre los encuestados cuando la elección llegó fue el 61 por ciento (Epley y Dunning, 2000, Estudio 2).

El 83 % de los estudiantes dice que comprarán una flor en favor de la Sociedad Americana del Cáncer, pero que sin embargo, sólo el 56 % de sus compañeros lo harían. La realidad fue que sólo el 43% había comprado la flor (Epley y Dunning, 2000, Estudio 1).

En el juego del dilema del prisionero, el 84 % de los participantes dicen que ellos cooperarían en lugar de traicionar a su pareja, pero creen que sólo el 64% de sus compañeros harían lo mismo. La tasa de cooperación real fue de 61 % (Epley y Dunning, Estudio 2).

Parece por tanto, que hacemos predicciones más optimistas sobre nuestro comportamiento que sobre los demás, pero sin embargo la realidad es que acertamos más cuando predecimos el comportamiento de los demás que el nuestro propio. Nuestra opinión sobre los actos de los demás son más fiables que nuestras propias intenciones.

Alguien puede decir: lo que pasa es que la gente confía demasiado en lo que ellos mismos van a hacer, pero eso no significa que se conozcan peor que a los demás. Esta afirmación es plausible, pero la experiencia demuestra que no es así, y cuando los demás son conocidos, aún acertamos más y predecimos mejor su comportamiento que el nuestro propio.

En conjunto, toda esta investigación sugiere que las personas poseemos una visión útil para comprender la naturaleza humana cuando se trata de los demás, pero nos cuesta bastante más aplicar esta comprensión a nosotros mismos, a nuestro yo.  Solemos creernos especiales, con una dinámica psicológica diferente a la de los demás. Las normas que rigen la psicología de otras personas no se aplican para nosotros mismos. Los psicólogos han llamado a esta tendencia excepcionalismo equivocado.

Creemos que las opiniones y actos de los demás están influídos por circunstancias externas e internas, y que son más conformistas… pero eso sólo vale para los demás, porque respecto a nosotros mismos, consideramos y confiamos en nuestro carácter y nuestras intenciones, y tendemos a no valorar las influencias externas. Nos consideramos agentes libres e inmunes a las restricciones que dictan las acciones de otras personas.

En un estudio sobre el control del dinero y la propia economía, se ofreció la posibilidad de un servicio que proporcionara consejos de ahorro, y un control  constante de sus finanzas. Los participantes en ese estudio consideraban que ese servicio era inútil para ellos porque ellos mismos podrían controlar perfectamente su capacidad de gasto y de ahorro. Pensaban que lo importante era realmente su propia intención de ahorrar dinero.  (Koehler et al., 2011). Sin embargo, creían que podía ser un servicio útil para los demás.

En realidad, los estudiantes que se sometieron a ese servicio pudieron alcanzar sus metas presupuestarias mejor que los que no lo hicieron. Por tanto, una vez más acertamos en las predicciones sobre los demás que sobre las propias predicciones.

Como consecuencia, las personas pueden carecer de conciencia de que lo que hay dentro de sí mismos es igual a lo que hay en la mente de los demás. Por ese motivo, nos podemos considerar más tímidos, autocríticos, e indecisos que otras personas (Miller & McFarland, 1987).

Por lo tanto, la investigación psicológica actual sugiere que las personas pueden ser sabios, cuando se trata de entender y anticipar lo que van a hacer otras personas, pero no aplicamos esa misma sabiduría para nuestro conocimiento interno.

En realidad, lo que suponemos acerca de la conducta y el futuro de otras personas es un indicador valioso de lo que nos espera en la misma situación, y puede ser mucho mejor indicador de nuestro futuro.  Para saber lo que alguien va a hacer en un futuro, es mucho más fiable si le preguntamos que cree que otras personas van a hacer.

Acerca de Baltasar Santos

Licenciado en Psicología, post grado en mediación, y máster en psicología forense. Curioso y en constante aprendizaje. Me encanta impartir clases, las TIC, pero sobretodo soy un apasionado de las personas. y disfruto aplicando psicología y formación para el desarrollo de personas y organizaciones.
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