Tropezar dos veces en la misma piedra

miniCon frecuencia decimos o oímos a alguien decir “siempre me pasa lo mismo, lo intento una y otra vez, y el resultado siempre es igual. Más o menos se corresponde con el refrán popular que dice “que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”… y la verdad, es que si no aprendemos lecciones del primer tropiezo estaremos condenados a repetirlo.

Cuando aprendemos algo, automatizamos un comportamiento, lo hacemos prácticamente inconsciente, como cuando conducimos y a veces no nos damos cuenta del recorrido que hemos hecho porque lo hemos hecho de forma automática. La automatización de conductas, costumbres o comportamientos es algo bueno para nuestra mente: le ahorra pensar y consumir energía inútilmente. Es algo así como poner la mente en Stand by para ahorrar energía. Sin embargo, cuando ese comportamiento automatizado no nos funciona de la manera adecuada, es bueno activar el “piloto manual” y conducir con cuidado para no tropezar nuevamente.

Normalmente no nos damos cuenta hasta que nos vemos nuevamente inmersos en la misma situación que intentamos evitar. No hace mucho, un cliente me contaba que durante años se ha visto sóla, sin relación con grupos de amigos, y sintiéndose un “bicho raro” por tal circunstancia. Un análisis concienzudo de su historia y sus experiencias previas la llevó a la conclusión de que era ella quien se apartaba de la gente porque no toleraba que la rechazaran. Dicho de otra forma, su caracter fuerte y dominante podía generar rechazo, y como no podía soportar ese rechazo se apartaba de la gente, cada vez que consideraba que alguien podría no estar de acuerdo con ella. Esta comprensión no la consiguió en 2 días.

Sabiendo el “mal”, propuso conducirse con prudencia en la relación con un nuevo grupo de amigos, pero un buen día tuvieron que organizar una fiesta sorpresa de cumpleaños, y “dejó ir” sus dotes de organización y control de la situación, sin darse cuenta que el resto de organizadores se veían atrapados, aturdidos y molestos por verse envueltos en una disciplina castrense bajo el “ordeno y mando” de mi antigua cliente. Alguien hizo un comentario contrario a las órdenes impuestas, y eso fue la mecha de una discusión que mi antigua cliente no supo controlar, y le llevó a tomar la decisión de abandonar la organización del cumpleaños. Rápidamente, se dió cuenta de la situación. Su reacción había sido algo así como la de una niña mimada, que se enfada y dice “pues ahora ya no juego”.  Mi cliente había sido víctima de una repetición automática de una forma de hacer las cosa que hasta entonces jamás le había ido bien “siempre me pasa lo mismo,”, se decía.

Darse cuenta a tiempo de su error, le llevó a volver al grupo, reconocer su error de forma pública, y a una muy buena predisposición para colaborar sin intentar dominar la situación, aunque sabía que para ello, tenía que poner el piloto manual y desactivar el automático.

Acerca de Baltasar Santos

Licenciado en Psicología, post grado en mediación, y máster en psicología forense. Curioso y en constante aprendizaje. Me encanta impartir clases, las TIC, pero sobretodo soy un apasionado de las personas. y disfruto aplicando psicología y formación para el desarrollo de personas y organizaciones.
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