Estrés, personalidad e infartos ¿reconoces a algún compañero?

El estrés es una reacción física y emocional que todos experimentamos cuando nos enfrentamos a un reto o un cambio en nuestras vidas. Aunque asociamos el estrés a sus efectos negativos, la verdad es que en muchas ocasiones nos ayuda a ser más productivos o tomar decisiones más rápidas. El estrés puede, por tanto,  tener efectos tanto positivos como negativos, y lo definimos como la respuesta automática de nuestro organismo ante situaciones que, en principio, podemos percibir como una amenaza o como un desafío. En no pocas ocasiones, la percepción de amenaza es sólo eso, una percepción porque el objeto al que nos enfrentamos no es amenazante.

La respuesta física del estrés tiene mucho que ver con la detección de un peligro, una amenaza, y por tanto tiene una función protectora del ser humano. Imagínense un hombre de la prehistoria que se enfrentara a una manada de tigres con dientes de sable, y no le funcionara la respuesta del estrés (o del miedo, o de huída-ataque): ese hombre moriría irremediablemente devorado por las fieras. Afortunadamente, la respuesta de estrés, que se activa automáticamente ante la percepción de las fieras salvajes, funciona a la percepción, y nuestro cavernícola comenzó a segregar adrenalina, a aumentar la presión sangüínea, y la frecuencia respiratoria…todo para llevar más sangre (llena de oxígeno) a nuestro cerebro y a nuestros músculos. La respuesta de huída o ataque se activa ante la detección de un peligro, y nos prepara para la lucha o para salir corriendo si fuera el caso. El problema del estrés sobreviene cuando esa respuesta automática se activa ante situaciones y estímulos que no suponen realmente ninguna amenaza.

Nuestro entorno diario nos exige continuamente cambios, adaptaciones, afrontar problemas y retos. Es por ello, que cierta cantidad de estrés nos ayudará activándonos para dar la respuesta más satisfactoria.

Las diferencias entre las personas a la hora de interpretar si tal o cual situación es amenazante o peligrosa, nos lleva a afirmar que el estrés no es simplemente la respuesta a una situación, sino la respuesta que damos cuando interpretamos que una situación es amenazante o peligrosa. Por ello, el estrés no es consecuencia de circunstancias externas sino que es consecuencia de una interacción entre las circunstancias externas, nuestras creencias, pensamientos e interpretaciones, y nuestras emociones, sin dejar de lado la fundamental aportación de la experiencia previa que cada uno ha tenido y que marca los aprendizajes de cada persona.

El estrés tiene consecuencias positivas cuando nos lleva a afrontar adecuadamente los problemas diarios, percibiéndolos como retos o como oportunidades. Sin embargo, si la respuesta de estrés perdura ante todo tipo de situaciones (todo se percibe amenazante), acaba generando un estrés excesivo o ansiedad, que acaba por dañar nuestra salud, nuestro equilibrio, nuestro trabajo y nuestras relaciones con los demás.

Como vemos las expectativas personales que tenemos ante una determinada situación son las que van a marcar la diferencia entre un estrés saludable y un estrés insano.  Cuando afrontamos una situación potencialmente amenazante, pero estamos seguros de poder afrontarla con éxito, y preparados para un eventual fracaso, la respuesta de estrés es, en todo caso beneficiosa. En cambio, si nuestra expectativa ante esa situación amenazante es que ésta nos va a superar, que no saldremos airosos, y que todo será una catástrofe, la situación de estrés es negativa. Igualmente sucede cuando las expectativas ante una determinada situación no son realistas: por ejemplo, cuando nos exigimos hacer una tarea nueva a la perfección la primera vez, en este caso, nos autoimponemos unas exigencias difíciles de satisfacer, por lo que lo más probable es que antes de ejecutar la tarea sintamos estrés por querer ejecutarla a la perfección.

Ninguna de las situaciones que normalmente pensamos que son estresantes, son, por si mismas, realmente amenazantes. Ni el exceso de trabajo, ni nuestro vecindario, ni nuestra familia, problemas económicos, etc…. son equivalentes a los tigres de dientes de sable con los que se enfrentaba nuestro cavernícola. .

 Son nuestras características personales en interacción con las demandas del entorno, las que nos predisponen a padecer exceso de estrés, ansiedad o las enfermedades fisiológicas con las que se relacionan (ictus, ataques al corazón…).

En relación a los accidentes vasculares (cerebrales o coronarios), gracias al estudio de la personalidad de los enfermos, se ha podido establecer un perfil de personalidad (tipo A)  que, junto con otros factores (colesterol, tabaco, grasas, falta de ejercicio), predispone a la enfermedad. Algunas de las características personales y del estilo de vida  de estos enfermos son:

  • Impaciencia: se quiere conseguir todo y se quiere conseguir en el menor tiempo posible. Siempre van con prisa.
  • Necesidad de control: suelen tener la necesidad de controlar las situaciones en las que se encuentran.
  • Competitivos y ambiciosos: son perfeccionistas y exigentes, consigo mismo y con los demás. Tienen que ser los mejores y conseguir los mejores resultados. Siempre quieren más (más dinero, mejores casas, más relaciones sexuales con diferentes parejas…).
  • Hiperactividad: se embarcan en más actividades de las que siendo realistas pueden llegar. Acostumbran a adquirir muchos compromisos y obligaciones, que se esfuerzan en satisfacer. Llenan sus agendas de actividades milimétricamente temporalizadas,  pero como no llegan a todo, se enfadan con las personas que están a su alrededor y consigo mismo.
  • Habla acelerada: Son personas cuyo discurso puede ser entendido como ansiógeno o incluso agresivo. Quieren decir muchas cosas y muy rápido, y en la mayoría de ocasiones en un volumen de voz superior al que sería adecuado a la situación.
  • Agresividad y baja tolerancia a la frustración: cuando no se les entiende, o cuando no se les hace caso, se enojan muy rápidamente, pasando de 0 a 100 en décimas de segundo, y teniendo habitualmente explosiones de ira.
  • Excesiva activación cortical: Ni siquiera a la hora de dormir son capaces de desconectat. Tienen grandes dificultades para relajarse, entre otras cosas porque entienden que relajarse y descansar es sinónimo de holgazanear, y dejar a un lado sus obligaciones.

El primer paso para prevenir accidentes vasculares, es querer cambiar este estilo de vida, ansiógeno y estresor, por un estilo de vida más saludable psicológica y físicamente.

Acerca de Baltasar Santos

Licenciado en Psicología, post grado en mediación, y máster en psicología forense. Curioso y en constante aprendizaje. Me encanta impartir clases, las TIC, pero sobretodo soy un apasionado de las personas. y disfruto aplicando psicología y formación para el desarrollo de personas y organizaciones.
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