Cuando decidimos ser nuestros propios reyes magos

La noche de reyes es una noche mágica para muchas personas. Esencialmente para los niños, inocentes almas cándidas que creen en la magia que supone “portarse bien” durante el año para ser premiados con regalos solicitados a unos seres superiores. También lo es para los padres, que reviven su propia infancia viéndose reflejados en las caras llenas de ilusión de sus hijos. Si no fuera por los maltrechos bolsillos, a la mayoría de padres les gustaría no tener que poner freno a la siempre extensa “Carta” de los menores. Sea como fuere, la noche de reyes hace felices a todos. A unos porque reciben regalos y a otros porque los ofrecen.

Mis recuerdos de la noche de reyes de hace más de 40 años eran muy felices. ¿en qué consistía esa felicidad? ¿sería extrapolable a mi presente? . Veamos.

Yo me sentía muy feliz por muchos motivos: eran días muy familiares, sin colegio …y en los que, al no existir en mis tradiciones familiares ni papa noel ni santa claus ni tió…el día de reyes era el día más esperado porque si me había portado bien durante todo el año, tendría derecho a un reconocimiento por parte de SSMM de oriente y me traerían los juguetes con los que ansiaba jugar.

De alguna manera, mi felicidad era el resultado de la ecuación

Portarse bien todo el año + agradar a los demás = reconocimiento en forma de juguetes.

¿Y qué era portarse bien?. Portarse bien significaba ser obediente a los adultos, no ser peleón, cuidar de los hermanos, sacar buenas notas en la escuela, venir pronto a casa, estar siempre localizable en el parque o en casa… He hablado con muchas personas acerca de sus recuerdos de la infancia, y desde luego, todos son diferentes…pero todos tienen el denominador común que resume esa sencilla ecuación.

Sin embargo, si un año los reyes no te traían todo lo puesto en la carta (suele ser así en la mayoría de hogares obreros), me quedaba con una sensación agridulce en la que se traducía mi pensamiento. En unas ocasiones, tal pensamiento era “si no me han traído todo es porque no me he portado suficientemente bien”, con lo que ese año sería más obediente, más sumiso y más agradable para los demás.  En otros momentos pensaba “pues yo me he portado bien, y merecía el regalo”, con lo que activaba un sentimiento de victimización: se había cometido una injusticia conmigo.

El primer pensamiento me llevaba a ser más dócil en el futuro. El segundo pensamiento me llevaba a victimizarme. Insisto: yo era plenamente feliz. No me daba cuenta de estos pensamientos..pero en el fondo estaban hay. Aprendemos a ser dóciles y a victimizarnos para encontrar satisfacción, y durante los años de experiencia clínica, he visto cómo la victimización y la deseabilidad social juegan un papel fundamental en la gestión de las emociones y en sus desórdenes (dependencia de otros, ansiedad de separación, fobias, ansiedad generalizada, déficit de habilidades sociales, ira, agresividad…).

 Por supuesto que la culpa NO es de los Reyes Magos, faltaría más…pero… las expectativas que se generan en los niños con tradiciones como ésta sí que pueden contribuir a educar en unos valores y creencias que no siempre van a ser buenos para nuestros hijos.  ¿queremos que nuestros hijos sean sumisos, exigentes, víctimas para obtener la recompensa de la felicidad?. Por supuesto que no.

Queremos que nuestros hijos sean independientes, cooperativos, equilibrados, adaptativos y que no necesiten nada externo para sentirse felices. Por tanto, es un error vincular las recompensas al “portarse bien durante el año” en lugar de como recompensa a ser persona.

Los valores que queremos transmitir son que relacionarnos con nuestros iguales es en si mismo un motivo de recompensa y que para ello, nos tenemos que mostrar como somos y no como los demás esperan que seamos. De ahí se desprende que la mejor recompensa de los niños son sus padres y no los juguetes, que los mejores juegos son los que te hacen compartir buenos ratos y que esos buenos ratos no tienen que ver con “portarse bien” sino con socializarse bien y adaptarse bien al entorno en el que cada uno le ha tocado vivir.

Mi amigo Pepe siempre decía  “En la vida, a veces las cosillas van bien, y a veces las cosillas van mal”. Los psicólogos, que le ponemos nombre a todo, le llamamos a eso “Resiliencia”. Pues bien, cuando las cosillas van mal no hay que victimizarse, sino comprender, levantarse, sacudirse el polvo y probar nuevos caminos. Y cuando las cosillas van bien, no hemos de pensar que van bien por “arte de magia”, sino porque previamente hemos soñado, planificado y actuado de forma perseverante para que las cosillas vayan mejor.

Así que de adultos es apropiado ser nosotros mismos nuestros propios reyes magos y exigirnos constantemente estar felices y satisfechos de ser los propios artífices de nuestro destino y responsables de nuestros actos y no serlo de los actos de los demás.

Feliz y mágica noche de reyes.

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Acerca de Baltasar Santos

Licenciado en Psicología, post grado en mediación, y máster en psicología forense. Curioso y en constante aprendizaje. Me encanta impartir clases, las TIC, pero sobretodo soy un apasionado de las personas. y disfruto aplicando psicología y formación para el desarrollo de personas y organizaciones.
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