Tu poder contra la depresión

Todos nos hemos sentido en alguna ocasión desesperanzados, tristes y con un gran sentimiento de pèrdida inconsolable. En algunas ocasiones, conocemos la causa y eso nos ayuda a salir del bache anímico. En otras ocasiones, no sabemos la razón exacta de tal sentimiento, lo cual nos hace sentir más indefensos si cabe y buscamos una causa en que algo dentro de nosotros no funciona bien. Mientras que en el primer caso, el equilibrio se alcanza tras las fases de “duelo”, en el segundo de los casos, existe un riesgo mayor de cronicidad e intensificación de los síntomas que etiquetamos como depresión.

 Cuanto más competitivos e individualistas son los miembros de una sociedad mayor riesgo de depresión. De alguna manera podemos decir que la sociedad capitalista es generadora de depresión, en tanto en cuanto divide entre el éxito y el fracaso, midiéndolos en términos económicos y no en unidades de felicidad. De esta forma encontramos personas abocadas a una vida que no quieren vivir, y personas empecinadas en llegar el éxito sin andar el camino del esfuerzo y la preparación. Hay tenemos la causa de la mayoría de las  depresiones sin causa.

 

Los valores transmitidos de generación en generación  nos “enseñan” a amoldarnos a unos cánones, (algunas veces,  encajonarnos en ellos) que oscilan entre el “haz lo que digan tus mayores” y el “disfruta de la vida que sólo se vive una vez”. Los valores de la solidaridad, la interdependencia y la propia autonomía quizás son insuficientemente difundidos. Cuando se aplica aquéllo de “primero yo, luego yo, y si queda algo….yo” la no consecución de todo lo que nos proponemos se experimenta como un fracaso. Incluso la muerte se experimenta como una desgracia provinente de un castigo divino, en lugar de entender las causas y situar la muerte como lo que es, un paso más de la vida que todos vamos a experimentar en nuestras propias carnes,  y que da paso a algo diferente, que nadie conoce, y en el que caben multitud de interpretaciones físicas, biológicas, filosóficas e incluso místicas, esotéricas o religiosas.

 De esta manera, cuando el entorno no funciona como deseamos, nos sentimos perdidos y desesperanzados. Perdemos la confianza en nosotros mismos, y no caemos en la cuenta, de que no hemos perdido la confianza, sino que en muchas ocasiones no la hemos tenido, debido a que no hemos tenido que tomar grandes decisiones, más allá de casarse, estudiar tal o cual cosa, o comprar tal o cual casa (decisiones que si fuésemos observadores externos, entenderíamos perfectamente como pequeñas decisiones sin importancia, que no afectan la esencia de la vida, sino que marcan la forma en la que vivimos.

 Los políticos dirigen,  los funcionarios están para servirnos, los currantes para currar y los jefes para ordenar. A grandes rasgos nos creemos esas mentiras, aún a sabiendas que no es así. Individualmente somos conscientes de ese error, pero colectivamente se nos ha enseñado a modificar poco el status quo de la sociedad, y no implicarnos más allá del rol que nos ha “tocado” desempeñar. Nada más erróneo. Aunque todo parece estar dividido en grupos que nos eximen de tener que tomar decisiones, la realidad es que tenemos el  derecho a decidir cómo queremos vivir,  como individuos y como individuos dentro de un grupo social más amplio. Nuestro mayor poder es decidir sobre nosotros y actuar en consecuencia, y sin embargo cuesta encontrar autoconfianza en nuestras propias decisiones, porque no estamos acostumbrados a decidir.

 Llegados a este punto, podría inclinarme por derivar algunas conclusiones políticas, filosóficas o incluso educativas.  Sin embargo, la mejor conclusión que les puedo explicar es la psicológica:  Nacemos con ayuda, y morimos sin ella. Tenemos la capacidad de decidir durante  el resto de nuestra vida. De nuestras decisiones se derivan aciertos y también errores. De ambos hay que aprender y sobre todo de los errores. Si las cosas no salen como habíamos previsto, no es ningún fracaso, o bien es un error,  o bien el deseo era irrealista  o bien el objetivo dependía de factores que no dependen de nuestro poder de decisión.

 La coprensión del mundo, de la vida, y de lo que en ella acontece, conjuntamente con la disciplina y esfuerzo adecuado conducen a la autosatisfacción entendida como felicidad, y por tanto, la mejor vacuna contra la depresión.

 El poder está dentro de tí no hace referencia a una mística de energías que fluyen de forma casi-mágica. El poder está dentro de tí significa que está en tu mano sentirte como te plazca, fijarte objetivos asequibles y esforzarte en trabajar más y mejor por conseguirlos, contando con que pertenecemos a un universo en el que no estamos sólos y en el que por tanto no podemos controlar todos los factores.  Tu motivación por entender el mundo que te rodea, aceptar cuanto hay de bueno y hermoso, y luchar por el cambio de lo no tan bueno es el final de la depresión. Resiliencia se le llama ahora. 

 

Acerca de Baltasar Santos

Licenciado en Psicología, post grado en mediación, y máster en psicología forense. Curioso y en constante aprendizaje. Me encanta impartir clases, las TIC, pero sobretodo soy un apasionado de las personas. y disfruto aplicando psicología y formación para el desarrollo de personas y organizaciones.
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